Nunca se puede estar seguro de qué es lo que quiere el otro de nosotros, porque no podemos controlar todo y mucho menos controlar al otro
y esa incertidumbre genera una especie de angustia,nos perturba, nos inquieta.
La frustración nos provoca una sensación de vacío, de anhelo insaciado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario